¡Un pequeño impacto y el agua se congela al instante! El sorprendente secreto del superenfriamiento
¡Hola! Soy Ken Kuwako, tu entrenador científico. Para mí, cada día es un nuevo experimento.
“¿Qué pasarías si el líquido que tienes frente a tus ojos se congelara al instante, como por arte de magia?”
¿Alguna vez has presenciado un espectáculo así? Es como si el tiempo se detuviera: el agua transparente se transforma en cristales de hielo con solo un toque. En nuestro club de ciencias, aceptamos el reto de recrear este fenómeno tan dramático llamado superenfriamiento (o subfusión).
Imagina agua que se niega a congelarse y permanece líquida incluso por debajo de los -10 grados centígrados. Es un estado fascinante y, cuando finalmente se congela ante el más mínimo estímulo, la escena es tan impactante que te pone la piel de gallina. Tras muchos intentos, descubrimos la “receta secreta”: utilizar agua con gas que puedes encontrar en cualquier tienda. ¡Quiero compartir contigo todos los detalles para que tú también sientas la emoción de este éxito científico!

La preparación maestra del Club de Ciencias
La clave para que el superenfriamiento funcione es el control riguroso de la temperatura y, sobre todo, el silencio. Sigue estos pasos para preparar tu laboratorio en casa:
Mete hielo en una bolsa, tritúralo bien y colócalo en una caja de poliestireno (corcho blanco) para un buen aislamiento.
Añade abundante sal y un poco de agua al hielo. La sal baja el punto de fusión del hielo, permitiendo que la temperatura descienda hasta unos -15 grados centígrados (un fenómeno llamado descenso crioscópico).
Coloca la botella de agua con gas con mucho cuidado en esta mezcla, evitando cualquier vibración.

Ahora, espera pacientemente durante 25 minutos. Ni más, ni menos. Si esperas 30 minutos, se congelará por completo antes de tiempo. Estos 25 minutos son la “proporción áurea”. Es el tiempo necesario para que las moléculas de agua “pierdan el ritmo” de congelación y se mantengan líquidas a temperaturas extremas. Pasado el tiempo, saca la botella con la suavidad de quien sostiene un tesoro y gira el tapón. ¿Qué sucede?


¿Por qué se congela al abrirla?
Al abrir el tapón, verás cómo una columna de cristal blanco recorre la botella al instante. El agua en estado de superenfriamiento está en un equilibrio extremadamente delicado: quiere congelarse, pero no tiene el detonante para hacerlo. Aunque se puede hacer con agua normal, elegimos agua con gas por una razón brillante: al abrir la botella, las burbujas de dióxido de carbono escapan con fuerza, generando un impacto potente en las moléculas de agua. Ese pequeño empujón es el “gatillo” que inicia una reacción en cadena, como piezas de dominó, convirtiendo todo en hielo.
El poder oculto de la sal
¿Por qué usamos sal y no azúcar para enfriar el hielo? Aquí hay una conexión científica increíble. Cuando el hielo se derrite, absorbe calor de su entorno (calor de fusión). Al añadir sal, provocamos el descenso crioscópico, haciendo que el hielo se derrita a toda velocidad. Al verse obligado a derretirse tan rápido, absorbe una cantidad enorme de calor, lo que hace que la temperatura caiga en picado. Si mezclas sal y hielo en una proporción de 1 a 3, ¡puedes llegar teóricamente hasta los -21 grados! Es tan frío como un congelador industrial.
¿Por qué el azúcar no da la talla? El secreto de las partículas
Podrías pensar que el azúcar haría lo mismo, pero no tiene la misma potencia. El secreto está en el número de partículas. La sal (cloruro de sodio) se divide en dos al disolverse en agua: iones de sodio e iones de cloruro. En cambio, el azúcar se separa en moléculas individuales, pero no se divide más. A igual cantidad, la sal ofrece el doble de “obstáculos” para que el agua se organice, logrando bajar la temperatura de forma mucho más eficaz.
La sabiduría de la col china: Dulzura para sobrevivir
Este principio de que “algo disuelto en agua dificulta la congelación” también está en nuestra cocina. ¿Sabes por qué la col china es más dulce en invierno?
Para una planta, que el agua de sus células se congele significa la muerte, ya que los cristales de hielo desgarrarían sus tejidos. Por eso, cuando llega el frío, la col convierte sus almidones en azúcar y los disuelve en sus fluidos celulares. Al convertirse en una especie de “agua azucarada concentrada”, protege sus células y evita congelarse incluso bajo cero. Esa dulzura que tanto disfrutamos en los platos de invierno es, en realidad, el esfuerzo desesperado de la planta por no morir de frío.
El fracaso es tu invitación a la ciencia
Como te conté al principio, en nuestro club de ciencias fallamos muchas veces. El agua se congelaba antes de tiempo por una mínima vibración o un cambio en la temperatura ambiente. Pero gracias a esos errores, surgieron debates apasionantes: “¿Y si la dejamos con más cuidado?”, “¿Y si bajamos un grado más?”. Ver cómo las moléculas invisibles luchan contra la temperatura para alinearse es pura magia. La belleza de la botella congelándose al éxito solo la conoce quien se atreve a intentarlo. ¡Anímate a sentir la ciencia en tus propias manos!
Aquí tienes otro ejemplo de un éxito rotundo. ¡Fíjate en la velocidad de la congelación!
Contacto y más experimentos
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